9 ago. 2013

El carpintero de ribera, por lo que vale - La Nueva España - Diario Independiente de Asturias

Rens Willet, ayer, junto a uno de sus botes de vela expuestos en «Bitácora».
Rens Willet, ayer, junto a uno de sus botes
 de vela expuestos en «Bitácora». ricardo solís

El carpintero de ribera, por lo que vale - La Nueva España - Diario Independiente de Asturias:

Sara D. VALDÉS
«El oficio de carpintero hay que sentirlo porque se hacen muchas cosas a ojo. Cada barco es único». Así dice Rens Willet, navegante, investigador y artesano carpintero. En la exposición de botes de vela que muestra en «Bitácora», la feria avilesina de la mar, atiende al público con gran amabilidad. Su marcado acento delata sus orígenes; es holandés, pero afincado en Cabranes desde hace once años. Opina que estos festivales dedicados a la mar son «una estupenda iniciativa que están ayudando a que en Asturias se recupere la afición al mar». En concreto, de Avilés le ha fascinado su gente, el apego de los avilesinos a sus propia historia. «Me ha llamado la atención la mentalidad de los avilesinos. Muchos recuerdan los astilleros y me hablan de la pesca. Es increíble», comenta. Además, añade señalando hacia el parque del Muelle:«Habría que quitar esa carretera y esos raíles de alguna manera para conectar la ciudad directamente con el puerto».

Willet construye barcos desde que era pequeño. Nunca fue a una escuela, sino que aprendió el oficio a base de leer libros, de navegar y de la experiencia diaria trabajando a bordo de barcos construidos en madera. En la actualidad, vive tranquilo, alejado del barullo en su casa de Cabranes. Al tiempo que cuida de su huerto y de sus animales, imparte clases y cursos en su taller de carpintería. De vez en cuando, también acude a alguna exhibición en el Principado del estilo de «Bitácora». En estas muestras, el público está invitado a presenciar lo mucho que disfruta construyendo barcos. «Tengo la responsabilidad de vivir bien los pocos años que me quedan. Y vivir bien no es ser el más rico del cementerio, sino disfrutar día a día de las cosas pequeñas», sostiene el curtido marinero.

Eventualmente, tiene algún encargo particular pero, en principio, él trabaja para sí mismo. «Si alguien quiere un barco, yo se lo hago personalizado y le ofrezco un contrato de mantenimiento».

Para fabricar un velero de los que tiene expuestos, se parte de un plano con las coordenadas de cada punto de superficie de la lancha. Al unir los puntos, se obtienen las líneas de la embarcación. El plano, con tres vistas o proyecciones diferentes (cenital, frontal y lateral), se dibuja a escala real en una mesa. A continuación se transportan las líneas a unas plantillas de madera que se colocan encima de un soporte que será la quilla. Entonces, se procede a la construcción del bote juntando los tablones. Se sustituyen las plantillas por las cuadernas y se lija la superficie para darle curvatura a la lancha. «El que haya aprendido a hacer un bote, puede construir cualquier cosa», asegura. Aunque dispone de máquinas y herramientas eléctricas, utiliza las manuales porque «son más precisas».

Por último, Willet es crítico con la situación actual de los astilleros.«Construir barcos y pagar justamente a los trabajadores sale caro. Por tanto, estoy de acuerdo con subvencionar a los astilleros; así se consigue un precio equilibrado, ajustado a unas condiciones laborales razonables. Me enfado mucho con la gente que tiene aquí su negocio y fabrica sus productos en China para externalizar gastos. La precariedad laboral resultante es una forma de esclavitud propia del medievo, consentida conscientemente y sólo porque no estamos dispuestos a pagar lo que realmente vale la mano de obra». Creo que el Estado aprieta a los pequeños productores no con el objetivo de crecer sino de alimentar su Administración», concluyó.

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