16 jul. 2013

Agustín Jordán y la poesía de trazar barcos_DiariodeLanzarote.com


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Agustín Jordán es maestro artesano de carpintería de ribera y ama el arte de diseñar barcos de madera (que además es terapia e historia viva). Su taller, en el barrio de Tenorio (Arrecife), recibe al visitante con una lancha costera de madera de morera y entablado de pino. Hay serrín, tirabuzones de virutas, reglas, un compás de metal, lápices y un cepillo hecho a mano que tiene más de 25 años de uso meditado. Más que un oficio, la carpintería de ribera es un legado cultural. “¿Han visto 'El cartero y Pablo Neruda'? Pues esto es como la poesía: es para quien lo necesita”.

Cada jueves, la joven Asociación de Amigos de la Carpintería de Ribera se reúne a las 17.30 horas en la trasera de la Cruz Roja (en agosto se tomarán vacaciones). Los aficionados a la construcción de barcos tienen entre 11 y 70 años; son estudiantes, aparejadores, fontaneros o guardias civiles. Agustín, que aprendió del maestro Vicente Dorta, ha viajado mucho y ha dado clase en colegios, en Cádiz, en Cartagena y a alumnos japoneses. La lista es tan diversa como las influencias que recibieron los lanzaroteños de otros pueblos navegantes, como el portugués o el ibicenco. “La madera va a volver porque es ecológica. Los barcos de resina no se pueden reciclar”, analiza Agustín desde la más cruda realidad: un oficio en declive y apuntillado por la crisis.

En Puerto Naos se apañan proas y poco más. Ya no se ponen barcos en quilla (él ha construido 27). La crisis desanimó a los propietarios, que prefirieron comprar uno de fibra, en vez de volcarse en la construcción tradicional del suyo propio. No en vano, la Administración (aunque ha impulsado la declaración de Bien de Interés Cultural para esta disciplina) exige dinero y tiempo a quien opta por un barco de trazo propio (ingeniero, permiso de Capitanía, inspecciones y pruebas de estabilidad). La técnica en diagonal, heredada de los navegantes ingleses, permite explicar esta ciencia desde el sentido común. “Yo digo en broma que es mágica, porque permite comprender rápido cómo es un barco”.

Tras el trazado en papel, se construye una pequeña maqueta. Luego se regresa a la cuartilla con las medidas reales. “En 3 meses, a 3 ó 4 horas diarias, se puede aprender suficiente para construir. Tenemos que fomentar la autoconstrucción. El conocimiento tiene que perdurar”, insiste. Lanzarote nunca fue consciente de que las faenas realizadas en garajes y orillas eran un patrimonio extraordinario. Tampoco hubo nunca muchos recursos (en 1983, ocho carpinteros compartían un cepillo eléctrico).

No existe Museo del Mar en la isla y muchos artesanos se sienten mera carnada turística. El resultado es que hoy hay más pardelas que carpinteros de ribera. Agustín construye el barquillo de dos rodas, la balandra, el bote... Hasta 13 barcos que se explican en un manual práctico a color, que ha escrito y que busca editorial para publicarse. “Cuando perdemos la humanidad, el lenguaje, el conocimiento... lo perdemos todo”.
La bricbarba y las palabras

El culillo (parte baja de la cuaderna), el fecho (tabla que cierra el entablado) o el alefriz (primera tabla de abajo) son sonoros tecnicismos de la carpintería de ribera, que Agustín usa con gusto y propiedad. En La Palma, la familia Arozena detalló hasta el último clavo que utilizó en el diseño de un bricbarca que le valió un diploma en la Exposición Universal de Filadelfia, en el año 1872.

[Asociación de Amigos de la Carpintería de Ribera: 634 294 630 / 928 802 462]

1 comentario:

  1. Anónimo8/12/2013

    Agustín te conocí en Barcelona me quedé maravillado con el cariño y formas como explicaste el trazado del barco y su construción.
    En EE.UU no existen las trabas burocráticas hasta puedes hacer un avión en un garaje,en este nuestro Pais te tomarian por un chiflado,o vas contra las ordenanzas,"pólizas" y demás decretos.
    Un gallego que ama los barcos de madera.

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